01 mayo 2009

Ciudadelas de Tenerife (I)


Tal y como ya contaba en Aburrimiento, nací y crecí en un populoso barrio del ensanche de Santa Cruz de Tenerife cercano a la zona industrial, donde predominaba la clase media trabajadora. La ciudad, con fama de elitista entre las demás poblaciones de las islas ha sido, y me aventuro a decir que sigue siendo, un lugar con una fuerte implantación de las clases trabajadoras asalariadas. Hoy, 1 de mayo, les quiero hablar de la huella arquitectónica que la explotación de la miseria de esta incipiente clase, a principios del siglo pasado, produjo en ella. En esa época, incluso en las últimas décadas del XIX, se produjo un importante aumento cuantitativo de la población de la ciudad así como una gran expansión de su superficie debido a una combinación de ciclos expansivos y depresivos de la economía insular. Dichos ciclos, estaban marcados por el auge y caída de los distintos monocultivos de exportación que han marcado la economía de Tenerife (viñedo, nopales y plátano) De esta manera, cada cambio produjo un éxodo rural ya sea buscado la ciudad como refugio de la miseria del campo, en las fases de depresión, ya sea atraídos por la incipiente industria, las obras públicas y el aumento de la actividad portuaria en las fases expansivas.


Puerto de Santa Cruz a finales del siglo XIX (Foto: FEDAC)

Es evidente que, ese incremento demográfico, produjo un aumento de la demanda de viviendas. Pero, debido a las condiciones laborales de la masa trabajadora, el acceso a la misma contaba con importantes barreras de entrada. Eso, unido a los grandes capitales que acumulaba la burguesía local o retornada de América así como los terratenientes dedicados a los cultivos de exportación, hizo posible que se diera un movimiento inmobiliario especulativo cuyo objeto era dar respuesta a las necesidades de vivienda obrera. De esta forma, surgen las ciudadelas de Santa Cruz, principalmente en los barrios de Duggi, Los Llanos, El Cabo y El Toscal.

La ciudadela, tal y como se conoce en la isla, es un tipo de vivienda económica y colectiva que, como ya he comentado, se desarrolló a finales del siglo XIX y principios del XX, formada por un cierto número de casas reducidas, incluso simples habitaciones, dispuestas a ambos lados de un callejón ciego, de anchura y longitud variable, o en torno a un patio central, con un único acceso a la calle y, con frecuencia, servicios y cocina comunitaria (ver Figura inferior)



Ciudadela de 1901, de acuerdo con los planos del expediente
urbanístico (Ramón Pérez González, 1982)

La realización de este tipo de construcción fue fácil para los propietarios del suelo ya que la legislación les amparaba con escasos impuestos, amplias facultades para hacer obras e, incluso, en ocasiones, ni siquiera se les pedía licencia municipal. Por tanto, se buscó el máximo beneficio de los propietarios, quienes pertenecían a la misma clase social que los patronos que explotaban a los trabajadores. De esta manera, las construcciones se realizaron en una sola planta, sin valor arquitectónico, con materiales de mala calidad y sin contemplar las mínimas exigencias sanitarias. A pesar de lo cual, las rentas que se pedían eran muy elevadas para la inversión empleada, dando lugar a un lucrativo negocio a expensas de las condiciones de vida de los inquilinos.

Éstas, eran tan deficientes que se produjeron diversos brotes infecciosos tanto de cólera como de tuberculosis así como numerosos conflictos sociales (incluidas importantes huelgas) por lo que se devaluaron las propiedades que se encontraban en los alrededores de cualquier ciudadela. Por ello, las autoridades municipales entraron a regular tanto la construcción como las condiciones de vida de las mismas. Por esta razón, existe en el Ayuntamiento importante documentación sobre un buen número de proyectos de este tipo de construcciones (para las que se pasó a exigir unas condiciones higiénicas mínimas y una cierta distancia a fincas urbanas de "cierto valor") También se encuentra información en el censo de viviendas insalubres que se realizó para el PGOU de1951. Entre éstas, no sólo se encontraban las ciudadelas sino también las cuevas habitadas o las chabolas. Respecto de estas últimas, todavía recuerdo un poblado chabolista que se encontraba en los años ochenta en el Barranco de Santos, en pleno centro de la ciudad. Recuerdo a los niños semi-desnudos bañándose en la escorrentía invernal y achocolatada que descendía desde la cumbre. Y de eso no hace tanto tiempo.


Ciudadela semi-abandonada situada la
Calle de las Tribulaciones (Barrio del Toscal)

A día de hoy, todavía siguen existiendo, en distinto grado de conservación y uso, algunas ciudadelas en los barrios Duggi y El Toscal. Sin embargo, su presencia en la ciudad se puede considerar anecdótica debido a que nuevos movimientos especulativos las han ido eliminando para ocupar sus solares con construcciones en altura. Pero eso ya es carne de otra entrada.


Algunas fuentes consultadas:

Alfonso O´Shanahan. Trabajadores. Ediciones Idea

Oswaldo Brito. Historia del Movimiento Obrero Canario. Editorial Popular.

FEDAC

Ramón Pérez González. Las Ciudadelas de Santa Cruz de Tenerife. Aula de Cultura de Tenerife; Enciclopedia Canaria.

Y Comunicaciones orales de gentes del lugar.

3 comentarios:

El náufrago de San Barandán dijo...

Excelente artículo, espero la segunda parte.

ricardo dijo...

Gracias, Náufrago, espero que antes del día 7 esté lista la segunda parte.

Iván dijo...

Interesantísimo, felicidades y más de estos

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